Zubillaga advirtió que “el reloj de arena se dio vuelta” para Puerto Quequén y dijo que “hay cinco años para prepararse”
El presidente de la Cámara de Actividades Portuarias y titular del bloque de concejales de Avanza Necochea planteó que la profundización de la hidrovía Paraná-Paraguay puede poner en riesgo buena parte de la operatoria de completamiento de Puerto Quequén.
El futuro de Puerto Quequén podría estar atravesado en los próximos años por una competencia portuaria mucho más intensa que la conocida hasta ahora. El escenario obliga a pensar estrategias, inversiones y nuevas formas de conseguir carga, pero también coloca al tren de cargas nuevamente en el centro de la discusión.
Así lo planteó el licenciado Bartolomé Zubillaga, presidente del bloque de concejales de Avanza Necochea y titular de la Cámara de Actividades Portuarias, durante una entrevista realizada este jueves 27 de agosto en el programa Voces de la Tarde, que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea.
Zubillaga explicó que aproximadamente entre el 60 y el 70% de la producción granaria argentina sale actualmente por el sistema portuario del río Paraná. Muchos buques cargan allí una parte de su capacidad y luego deben trasladarse hacia puertos del sur, entre ellos Quequén o Bahía Blanca, para completar la carga debido a las limitaciones de calado existentes en la hidrovía.
Ese esquema puede cambiar. La licitación de la hidrovía, adjudicada a una empresa de origen neerlandés, contempla alcanzar en un plazo máximo de cinco años una profundidad que permitiría que buena parte de esos buques pueda completar su carga directamente en el sistema del Paraná.
Para Puerto Quequén, el impacto potencial es significativo. “El 60% de los buques que nosotros cargamos acá son buques de completamiento”, señaló Bartolomé Zubillaga. En otras palabras, una modificación de las condiciones de navegación podría hacer que una parte importante de esas embarcaciones deje de necesitar un segundo puerto.
Y ahí apareció una expresión que sintetizó su advertencia. “El reloj de arena se dio vuelta”, dijo.
La respuesta, según el dirigente, debe ser aumentar el volumen de carga y salir a competir por producción. Para eso, Puerto Quequén necesita ser logísticamente atractivo y reducir los costos del transporte. En ese esquema, el ferrocarril vuelve a adquirir una importancia estratégica.
Bartolomé Zubillaga puso como ejemplo a Bahía Blanca, que cuenta con una infraestructura ferroviaria que le permite ampliar su área de influencia y captar producción de una región más extensa. Aunque su interland productivo es menor que el de Quequén, el tren le permite transportar mayores volúmenes hacia el puerto.
“Sin el tren puede aumentar el volumen de carga que tiene el puerto, pero si ya no hablamos de aumentar, estamos hablando de mantener”, sostuvo.
La discusión adquiere mayor relevancia ante el vencimiento de la concesión de Ferrosur. Para el dirigente, la oportunidad de recuperar el servicio ferroviario no puede analizarse únicamente como una cuestión de transporte, sino como parte de una estrategia para sostener el futuro económico de Puerto Quequén y de toda la región.
El puerto, además, enfrenta otros desafíos. Zubillaga mencionó la necesidad de mantener el dragado, mejorar las condiciones de operatividad y avanzar en soluciones para el denominado “swell close”, la cláusula contractual vinculada a las demoras provocadas por la altura de las olas en el acceso portuario.
También destacó que el Consorcio de Gestión del Puerto de Quequén está trabajando en cuestiones como la reconstrucción del puente y el soterramiento o eventual elevación del cable que atraviesa el área portuaria. A la vez, valoró la elaboración de un nuevo plan estratégico mediante un convenio con la Universidad de Buenos Aires.
La preocupación no es menor si se considera el impacto del puerto sobre la economía local. Bartolomé Zubillaga estimó que la actividad genera más de 4.000 puestos de trabajo directos entre terminales, estibadores, recibidores de granos, prácticos, lanchas, astilleros y otras actividades vinculadas. A eso se suma una extensa cadena indirecta de transporte, comercios y servicios.
Pero la entrevista derivó también hacia una cuestión más amplia, o sea el futuro de Necochea. Zubillaga cuestionó la idea de esperar que una sola persona pueda resolver los problemas estructurales de la ciudad. A su entender, hace falta construir un equipo y generar un compromiso conjunto entre el sector público, las empresas, los trabajadores, las instituciones y los vecinos.
“Hay que vencer la mezquindad”, planteó. En ese sentido, sostuvo que los intereses particulares no deberían imponerse sobre la necesidad de encontrar soluciones para el conjunto. Y puso como ejemplo la relación entre el sector privado y la obra pública: si los desarrolladores aportaran sus mejores especialistas a proyectos públicos y las obras funcionaran, también se beneficiaría el sector privado.
Para Zubillaga, Necochea necesita además aprovechar la experiencia acumulada dentro de la propia administración municipal, incorporar capacidad técnica y dejar de pensar la gestión exclusivamente desde la lógica político-partidaria.
“La municipalidad es una organización”, explicó. Y los vecinos, desde su perspectiva, son quienes reciben los servicios que debe brindar esa organización.
Su diagnóstico sobre la ciudad fue particularmente crítico. Señaló problemas históricos de infraestructura, calles de tierra, falta de servicios y ausencia de planificación, pero también apuntó a una sociedad que, en su opinión, muchas veces permanece demasiado pasiva frente a sus propios problemas.
En ese punto recuperó una definición que años atrás le había transmitido el ex intendente Daniel Molina: Necochea carece de una “burguesía comprometida”. Es decir, de un sector empresarial y social capaz de movilizar, exigir, aportar ideas y empujar a la dirigencia política.
El planteo terminó siendo más amplio que una discusión portuaria. Puerto Quequén tiene por delante cinco años para adaptarse a un escenario competitivo que puede cambiar las reglas del negocio. Necochea, en paralelo, necesita construir una estrategia de ciudad.
Y para ambas cosas, la conclusión de Bartolomé Zubillaga fue similar, o sea no alcanza con esperar que alguien venga a solucionar los problemas. Hay que formar un equipo y trabajar en conjunto.